La próxima burbuja no está en la tecnología. Está en una nota al pie
La fiebre por la inteligencia artificial ha impulsado inversiones récord y una creciente emisión de deuda para financiar chips y centros de datos. Sin embargo, la vida útil del hardware podría ser menor de lo esperado, lo que podría recortar los beneficios y tensar las valoraciones de las empresas tecnológicas.
El mercado ha sido testigo de cómo las grandes tecnológicas americanas planean invertir alrededor de 725.000 millones de dólares en infraestructura este año, un 77% más que en 2025. Se espera que esta cifra alcance el billón en 2027. Empresas como Oracle, Meta y Microsoft están destinando un gran porcentaje de sus ventas a estas inversiones, pero gran parte del dinero proviene de la emisión de deuda. Morgan Stanley estima que solo en 2026 se emitirán cerca de 570.000 millones de deuda vinculada a la inteligencia artificial, cuadruplicando el ritmo del año anterior.
La cuestión clave es si los beneficios futuros están siendo calculados bajo el supuesto de que los activos durarán más de lo que realmente lo harán. Los hiperescaladores amortizan su equipamiento en cinco o seis años, mientras que Nvidia lanza nuevas arquitecturas cada dieciocho o veinticuatro meses. Un H100 de tres años se vende de segunda mano por menos de la mitad de su precio nuevo. Michael Burry calcula que, si la vida económica real fuese de dos o tres años, el sector estaría subestimando su amortización en unos 176.000 millones entre 2026 y 2028, inflando el beneficio operativo de compañías como Oracle o Meta en más de un 20%.
El año pasado, Amazon acortó la vida útil de parte de sus servidores de seis a cinco años debido a la aceleración de la inteligencia artificial, asumiendo 920 millones de amortización adicional. En contraste, Meta alargó la vida útil a cinco años y medio, ahorrándose 2.900 millones. Estas decisiones muestran la falta de consenso en la industria sobre la amortización de sus activos.
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