El nuevo mundo distópico-utópico de la Inteligencia Artificial
El despliegue masivo de la inteligencia artificial (IA) plantea a los economistas una de las situaciones más singulares de las últimas décadas. La IA, como tecnología de propósito general, tiene efectos difíciles de prever. La pregunta crucial es si su introducción aumentará el desempleo, algo que los economistas laborales no pueden responder con certeza debido a la naturaleza impredecible de esta tecnología.
La IA podría integrarse en el 90% de las actividades, como la electricidad, o fracasar, dejando en el aire las esperanzas y temores que genera. En lugar de buscar respuestas concretas, es esencial definir preguntas significativas sobre sus posibles efectos y esbozar el nuevo mundo que podría surgir.
Una cuestión clave es si la IA aumentará la producción total o simplemente redistribuirá roles entre máquinas y trabajo humano. Aunque la tecnología ha mejorado la accesibilidad de la información, su impacto en la producción total sigue siendo incierto.
Otra pregunta es si la IA aumentará la productividad, entendida como producción por unidad de trabajo. La evidencia sugiere que la IA podría aumentar la producción por unidad de trabajo vivo, aunque esto no implica necesariamente un incremento en la producción total.
Finalmente, surge la cuestión de si la IA creará una población excedente significativa, es decir, personas cuyas habilidades se vuelven obsoletas. Esta población excedente podría requerir una «reconversión» para adaptarse a la nueva economía, un proceso que podría llevar años.