Open Heritage in the Age of Artificial Intelligence
Las instituciones de patrimonio cultural (CHIs), como museos, bibliotecas y archivos, desempeñan una misión crucial de interés público: proporcionar acceso al patrimonio en sus colecciones. Este acceso no solo define nuestra humanidad compartida, sino que también genera múltiples beneficios para la sociedad. En este contexto, las CHIs son guardianas de información confiable y tienen un papel fundamental en el crecimiento y protección del patrimonio compartido.
Sin embargo, la reciente aparición de la inteligencia artificial generativa ha tenido un impacto fenomenal en estas instituciones. El contenido que gestionan se utiliza para el desarrollo de IA, lo que plantea preguntas sobre las normas y expectativas que rigen el uso de materiales de patrimonio cultural con licencias abiertas y de dominio público. Ejemplos de conjuntos de datos abiertos incluyen AI4Culture, BigLAM de Hugging Face, y el Corpus de Interés Público de la Alianza de Autores, entre otros. Esto ha generado debates sobre quién puede acceder y reutilizar esos datos, y para qué propósito.
Las colecciones de patrimonio a menudo ofrecen conjuntos de datos diversos, de alta calidad y bien curados. Aunque la inclusión de estos datos podría mejorar los sistemas de IA, las CHIs enfrentan numerosos desafíos, como el aumento del tráfico de bots por parte de empresas de IA con fines de lucro, que amenaza la sostenibilidad económica de la infraestructura abierta. Además, prácticas comerciales de IA, como la falta de transparencia y atribución, y la pérdida de trazabilidad, están en conflicto con los valores de las CHIs.
Esta situación ha llevado a algunas instituciones a cerrar el acceso, como la Biblioteca Nacional de los Países Bajos y Trove en Australia, lo que revela una paradoja: las CHIs, cuya misión es compartir sus colecciones, terminan restringiendo el patrimonio. Este dilema está sacudiendo la frágil estructura del patrimonio abierto, ya que el contenido que debería estar disponible libremente ahora se restringe aún más. La Declaración de Patrimonio Abierto reconoce estos desafíos y aboga por una IA ética y responsable en el acceso y reutilización del patrimonio de dominio público.