La pantalla mató la comprensión lectora: cómo el cerebro se está adaptando a un entorno digital
Los desastrosos resultados del último informe PISA se pueden resumir en cuatro letras: TL;DR. Este acrónimo (del inglés Too Long; Didn’t Read) se usa en internet para indicar que un texto es demasiado largo para ser leído. En la era digital, casi todo es TL;DR, y esto está afectando nuestra capacidad de concentración y comprensión lectora. Los dispositivos electrónicos nos aceleran, haciendo que saltemos de una información a otra, debilitando ciertos circuitos neuronales, aunque quizás estén creando otros.
Ladislao Salmerón, catedrático del departamento de Psicología Evolutiva de la Universidad de Valencia, ha investigado durante dos décadas cómo las pantallas impactan en la lectura. Según Salmerón, «esta es la primera generación que ha crecido en un mundo completamente digital». Aunque los padres no les dieran un móvil desde la cuna, la ubicuidad de estos dispositivos ha condicionado su desarrollo. «Antes jugábamos mucho más con los bebés», opina el experto, lo que fomentaba habilidades como la capacidad de diálogo y la prosodia.
El análisis de los datos de PISA ha generado cierto pánico generacional, pero lo internacional de este descalabro desmiente las lecturas regionales. Los adolescentes están enganchados a TikTok, igual que los adultos a Instagram y los mayores a Facebook. Cambia la plataforma, pero el formato adictivo es el mismo: vídeos cortos, estímulos rápidos, mensajes simples.
«Todo esto genera un estado cognitivo incompatible con focalizarse en una sola tarea durante un periodo largo», señala Salmerón. Nuestra atención no se mide en horas, sino en segundos. Gloria Mark, psicóloga de la Universidad de California, ha medido esa atención digital empíricamente, observando que en 2004 la media estaba en dos minutos y 30 segundos, mientras que en 2021 había descendido hasta los 47 segundos.
El problema afecta más a niños y adolescentes. David Bueno, investigador de la Universidad de Barcelona, explica que «el cerebro adulto está más maduro» y que la tecnología digital nos llegó cuando ya éramos adultos. Bueno coincide con Salmerón al señalar que las pantallas no solo nos están robando tiempo de lectura, sino de charla. «La lectoescritura se basa en el lenguaje oral. Para tener una comprensión profunda de lo que leemos, primero debemos tener una comprensión profunda de lo que hablamos», reflexiona.
La neurocientífica Maryanne Wolf, en su libro Lector, vuelve a casa, explica que la lectura transformó el pensamiento humano. Sin embargo, advierte que podríamos perder esta habilidad cultural en nuestra transición a una cultura digital. «Existen razones de peso tanto para el entusiasmo como para la cautela cuando observamos los cambios específicos que afectan al desarrollo de nuestro cerebro lector», destaca Wolf.