Durante los últimos cuatro años, invertir en inteligencia artificial (IA) parecía una apuesta segura. El lanzamiento de ChatGPT desató una carrera que disparó las cotizaciones de fabricantes de semiconductores, proveedores de infraestructura y grandes tecnológicas. Nvidia se convirtió en el símbolo bursátil de esa euforia, y el mercado comenzó a valorar no sólo los beneficios presentes, sino también los futuros que la IA supuestamente generará. Esto resultó en un aumento extraordinario de las valoraciones y una concentración de las ganancias bursátiles en pocas compañías.
Sin embargo, en los últimos meses, el mercado se ha vuelto más selectivo. Aunque no estamos ante el desplome que algunos predijeron, los semiconductores y algunos valores vinculados a la infraestructura de IA han sufrido correcciones importantes. La pregunta que se plantea el inversor es sencilla e incómoda: ¿cuánto beneficio será necesario generar para justificar las inversiones realizadas?
Detrás de la aparente intangibilidad de la IA, existe una economía material que involucra centros de datos, chips, redes eléctricas y grandes cantidades de energía. El consumo eléctrico de los centros de datos ha aumentado y podría duplicarse para 2030. Además, la expansión de la IA ya no se financia exclusivamente con los flujos de caja de las grandes tecnológicas, sino también con deuda y estructuras financieras sofisticadas, en un contexto de subida de tipos de interés.
En este contexto, las salidas a Bolsa (OPVs) de Anthropic y OpenAI pueden convertirse en el termómetro de la fiebre inversora. Anthropic, creadora de Claude, ha crecido vertiginosamente y su valoración privada se ha disparado. Se espera su salida a Bolsa hacia noviembre, en una operación que podría ser una de las mayores OPV tecnológicas de la historia. La cuestión será qué valoración está dispuesto a conceder el mercado, ahora más exigente.
Por otro lado, OpenAI, que popularizó la inteligencia artificial generativa, tiene necesidades de financiación formidables. Aunque sus ingresos crecen rápidamente, también lo hacen sus compromisos de inversión. Sam Altman ha descartado una OPV este año, posponiéndola hasta 2027, lo que le permite observar qué ocurre con Anthropic.
Estas OPVs podrían marcar la transición de una etapa de fascinación tecnológica a una donde se debe demostrar rentabilidad. No se trata de una burbuja, pero una gran tecnología no garantiza una gran inversión. La historia económica está llena de innovaciones que transformaron el mundo mientras destruían capital invertido durante su fase de euforia. Ahora, no basta con demostrar que la IA puede hacer cosas extraordinarias; hay que demostrar que el capital empleado puede obtener una rentabilidad igualmente extraordinaria.
Fuente: https://www.elconciso.es/opinion/gran-examen-bursatil-inteligencia-artificial_0_2008068083.html