La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en el ámbito literario ha generado un intenso debate sobre la legitimidad de las obras creadas con estas herramientas. Mientras algunos autores consideran el uso de la IA como una traición a la creatividad humana, otros, como la premio Nobel Olga Tokarczuk, admiten utilizarla en su trabajo. Este dilema se intensifica con denuncias recientes, como la ocurrida en Francia, sobre el uso de IA para escribir literatura.
Javier Sampedro, periodista y científico, argumenta que la IA actual no es capaz de producir buena literatura, comparando la capacidad de los modelos de lenguaje como ChatGPT con la maestría de autores como Tolstói. Sin embargo, plantea la posibilidad de que en el futuro las máquinas puedan crear novelas de calidad, cuestionando si estas serían consideradas legítimas. La cuestión de la autoría también es relevante, como en el caso de Mia Ballard, quien utilizó IA para escribir una novela, pero ocultó su participación.
Por otro lado, Javier Rodríguez Marcos plantea la preocupación de que la IA pueda desplazar a los escritores humanos, reflejando el temor generalizado de que esta tecnología reemplace trabajos creativos. La discusión se centra en si la creatividad es un atributo exclusivamente humano o si las máquinas pueden llegar a desarrollarla.
La creatividad humana, según Sampedro, no es mágica; es fruto de un proceso neurológico que podría replicarse en una máquina. La legitimidad de una novela escrita por un robot dependería de que este la firme como autor. La evolución de la IA en el ámbito literario plantea preguntas fundamentales sobre el futuro de la creatividad y el papel de las máquinas en la cultura.