Durante los últimos años, la conversación sobre inteligencia artificial ha estado dominada por los procesadores, inicialmente las CPU y luego las GPU de compañías como NVIDIA, que se han convertido en símbolos de esta revolución tecnológica. Sin embargo, hay un componente menos conocido pero crucial: la memoria. Durante décadas, la memoria fue considerada un negocio poco atractivo dentro de la industria tecnológica, caracterizado por su naturaleza cíclica y la competencia basada en precio y capacidad. Ahora, la inteligencia artificial está transformando esta dinámica.
Los nuevos modelos de IA son cada vez más complejos, requiriendo procesar y mover enormes cantidades de información. Los agentes de IA actuales, capaces de razonar y planificar durante largos periodos, aumentan aún más las necesidades de procesamiento y memoria. Esto ha generado un mercado tensionado, donde la demanda crece rápidamente, pero la oferta no puede aumentar de inmediato debido a la necesidad de tiempo, capacidad productiva e inversiones significativas.
La memoria ha dejado de ser un componente secundario para convertirse en uno de los principales cuellos de botella de la infraestructura de inteligencia artificial. Podemos imaginar la memoria como el almacén que proporciona al procesador los datos necesarios para trabajar. Sin suficiente memoria y velocidad de acceso, la capacidad de cálculo de un procesador no se aprovecha completamente. Esto resalta la importancia de la HBM (High Bandwidth Memory), una memoria especialmente rápida utilizada junto a los procesadores más avanzados de IA.
La demanda de HBM está creciendo a medida que los grandes centros de datos incrementan sus inversiones en infraestructura de IA. Sin embargo, la oferta no puede reaccionar inmediatamente, ya que construir nuevas fábricas y aumentar la capacidad de producción requiere años y enormes inversiones. Como resultado, los grandes clientes intentan asegurarse el suministro con mucha antelación. NVIDIA, por ejemplo, ya refleja este cuello de botella en sus márgenes. En su último trimestre, la compañía mantuvo un margen bruto del 75%, pero advirtió que el encarecimiento de la memoria está presionando sus costes, con expectativas de que el margen bruto baje al 74% en el tercer trimestre y entre el 71% y el 72% en el cuarto trimestre.
El mercado de memoria está dominado por un reducido grupo de compañías, como SK Hynix, Micron Technology y Samsung Electronics, que están realizando fuertes inversiones para aumentar su capacidad. Sin embargo, para los inversores, decidir cuál será la gran ganadora de la próxima generación es complicado. Por eso, una alternativa es invertir en un ETF como el Amundi Global Memory Chips UCITS ETF, que ofrece exposición diversificada a compañías relacionadas con la memoria y el almacenamiento, incluyendo a Micron, SK Hynix, Samsung Electronics, SanDisk, Marvell Technology, Seagate Technology, Western Digital y Kioxia.
Esta estrategia permite participar en el crecimiento de todo el ecosistema de memoria y almacenamiento detrás de la expansión de la inteligencia artificial, sin tener que apostar por una única compañía. Sin embargo, es importante recordar que el sector de la memoria es históricamente cíclico, con precios y beneficios que pueden fluctuar drásticamente. Además, el futuro del mercado depende de la continuidad de las inversiones en infraestructura de IA. Por lo tanto, aunque se trata de una temática de crecimiento con potencial, también conlleva riesgos significativos.