El 12 de septiembre de 2026 se convirtió en una fecha clave para la inteligencia artificial, coincidiendo con los aniversarios del atentado contra las Torres Gemelas y el golpe contra Salvador Allende. En este contexto, Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, publicó un ensayo titulado «We Must Pace the Frontier», instando a moderar el avance de los modelos de inteligencia artificial. Sam Altman, de OpenAI, apoyó la iniciativa, anunciando la apertura de sus laboratorios a evaluadores independientes, mientras Elon Musk y Google DeepMind se sumaron al llamamiento.
La estrategia de estas empresas, que buscan moderar el ritmo de sus propios desarrollos, ha generado un impacto significativo en el mercado. Mientras los fabricantes de chips sufrían caídas en bolsa, las empresas de ciberseguridad veían cómo sus acciones se disparaban. En este contexto, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha adoptado una postura que algunos califican de oportunista, aprovechando el «pánico moral» para desviar la atención de problemas internos.
La estrategia de Sánchez se centra en el «modelo de frontera» diseñado por la industria, entregando la propiedad del cómputo a gigantes como Telefónica y ACS. Esta maniobra se enmarca en una serie de movimientos donde las mismas empresas que alertan sobre los peligros de la inteligencia artificial invierten sumas millonarias en infraestructuras y contratos con el Departamento de Defensa de Estados Unidos, como reveló The Intercept.
En definitiva, el «cártel del miedo» no solo ha convertido el peligro en negocio, sino que ha encontrado en líderes como Pedro Sánchez a aliados dispuestos a utilizar el pánico para fortalecer su posición política, mientras las verdaderas amenazas de la inteligencia artificial siguen sin una solución clara.