La Gigafactoría de IA: ¿Progreso o Amenaza Ambiental?

Ramon López de Mántaras, experto en Inteligencia Artificial: "Una gigafactoría de IA se parece mucho más a una planta petroquímica que a una fábrica de coches"

La instalación de una gigafactoría de inteligencia artificial (IA) en Móra la Nova y San Fernando de Henares ha ganado protagonismo en las últimas semanas. Este ambicioso proyecto, valorado en 5.000 millones de euros de fondos públicos y privados, busca captar recursos del programa europeo InvestAI. Si la Comisión Europea aprueba la candidatura, la infraestructura podría comenzar a operar en 2028.

El proyecto ha sido presentado por el Gobierno y la Generalitat como una «apuesta estratégica para el desarrollo de la IA y la soberanía tecnológica europea» y un «revulsivo» para la Ribera d’Ebre, una región dependiente de la energía nuclear. Sin embargo, expertos y entidades ambientales han expresado su preocupación por los posibles impactos en el territorio y la población.

Ramon López de Mántaras, fundador del Instituto de Investigación de Inteligencia Artificial del CSIC, cuestiona la viabilidad de estas instalaciones en el contexto de la emergencia climática actual. López de Mántaras describe la IA generativa como «un nuevo modelo de extractivismo de datos, conocimiento y creatividad disfrazado de progreso».

Las gigafactorías de IA son infraestructuras de computación a gran escala diseñadas para entrenar y ejecutar modelos avanzados de inteligencia artificial. Estas instalaciones contienen miles de procesadores especializados y requieren un consumo elevado de electricidad y sofisticados sistemas de refrigeración. A pesar de no producir bienes materiales, su principal objetivo es proporcionar una capacidad de cálculo masiva.

El impacto ambiental de una gigafactoría es significativo, ya que concentra una enorme capacidad de cálculo en un único lugar, demandando grandes cantidades de electricidad y recursos materiales. El consumo eléctrico puede ser comparable al de una ciudad de cientos de miles de habitantes, generando emisiones de gases de efecto invernadero cuando la electricidad no es 100% renovable.

El consumo de agua también es considerable, dependiendo del sistema de refrigeración utilizado. Tecnologías más modernas han reducido este consumo, pero no eliminan el problema del gran consumo energético ni la necesidad de disipar grandes cantidades de calor.

Fuente: https://www.publico.es/sociedad/m-ambiente/gigafactoria-ia-parece-mucho-planta-petroquimica-fabrica-coches.html

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