¿Debe haber límites a la IA?
La generalización del uso de la inteligencia artificial (IA) ha sido imparable desde el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022. En poco tiempo, esta tecnología ha pasado a formar parte del día a día de los ciudadanos a través de grandes tecnológicas que la han incorporado a sus productos, como Google, Gmail, WhatsApp y X. No solo se ha convertido en una herramienta para mejorar la productividad en diversos sectores económicos, sino que también se utiliza para tareas cuestionables o incluso peligrosas.
Históricamente, cada innovación ha enfrentado rechazo y ha dado lugar a movimientos de oposición, como el ludismo, que ha resurgido en la actualidad como neoludismo, una corriente crítica con la tecnología que resalta sus efectos negativos sobre la salud, el trabajo y el medio ambiente. La IA, al igual que la energía nuclear, tiene potencial para el bien y para el mal, y por ello no puede ser un territorio sin limitaciones, especialmente cuando está controlada por una élite tecnológica que debería estar regulada.
A nivel europeo, se ha aprobado la primera ley integral para regular la IA, pero esto no es suficiente. No se puede dejar esta tecnología en manos de un pequeño grupo de multinacionales de Estados Unidos o China. La Unión Europea debe acelerar para desarrollar sus propios campeones tecnológicos, lo que permitiría ganar autonomía estratégica y aplicar valores europeos.
Los gobiernos también deben preparar planes de transición para enfrentar las consecuencias de la IA en el mercado laboral. Según Bill Gates, fundador de Microsoft, «será el gran igualador o la peor fuente de injusticia» si no se toman medidas adecuadas, ya que algunos puestos de trabajo podrían desaparecer para siempre. Este riesgo ha sido señalado por expertos como Brett Hemenway Falk y Gerry Tsoukalas, quienes advierten que la IA podría erosionar la demanda de consumidores si suprime empleos más rápido de lo que la economía puede absorber.
Como mencionaba Garton Ash, «parece que tenemos entre manos diez proyectos Manhattan, pero una Hiroshima de la IA no es evidente». Los riesgos sociales son claros: desde la sustitución de la fuerza laboral humana hasta la pérdida de capacidades cognitivas por el uso excesivo de la IA, además del impacto ambiental de los centros de datos, lo que ha llevado al gobierno español a consultar públicamente sobre su expansión.
Fuente: https://es.ara.cat/opinion/debe-haber-limites-ia_129_5835425.html