Valencia no necesita desarrollar el próximo gran modelo de inteligencia artificial para desempeñar un papel relevante en esta revolución tecnológica. Su oportunidad está en una carrera distinta, que se decidirá en las fábricas, los puertos, los hospitales y las empresas que ya compiten en los mercados internacionales: la de convertir la inteligencia artificial en una ventaja real para nuestra economía.
La carrera mundial por la IA está redefiniendo el mapa económico y tecnológico. Estados Unidos y China concentran buena parte del desarrollo de los modelos más avanzados, del capital y de las infraestructuras que los hacen posibles. Según el AI Index 2026 de la Universidad de Stanford, la inversión privada en inteligencia artificial alcanzó los 285.900 millones de dólares en Estados Unidos durante 2025, frente a 12.400 millones en China, una comparación que no recoge la totalidad de los recursos públicos movilizados por el país asiático. Estados Unidos produjo además 59 modelos de IA considerados relevantes, frente a 35 de China. Son cifras que muestran la dimensión de una competición en la que Europa parte de una posición diferente.
Pretender cerrar esa distancia replicando exactamente el modelo estadounidense sería probablemente un error. Europa necesita desarrollar capacidades tecnológicas propias y reducir sus dependencias estratégicas, pero también debe aprovechar fortalezas que ya tiene: conocimiento científico, talento, un gran mercado interior y una base industrial extraordinariamente diversa. No toda la creación de valor de la inteligencia artificial se concentrará en quienes desarrollen los modelos más potentes. Una parte decisiva dependerá de quién consiga incorporarlos mejor a los procesos productivos y convertirlos en nuevos productos, servicios y modelos de negocio.
Ahí es donde Valencia tiene mucho que decir. La Comunidad Valenciana concentra el 13% de las empresas españolas de media y alta tecnología, según datos del INE de 2024, y representa el 10% de las exportaciones nacionales de productos relacionados con las tecnologías de la información y la comunicación, según las cifras sectoriales de IVACE correspondientes a 2025. A ello se suma una economía industrial y exportadora con una especialización acumulada durante décadas. La cerámica valenciana representa el 79% de las exportaciones españolas de productos cerámicos. Somos la primera región exportadora de cítricos y contamos con una presencia destacada en automoción, agroalimentación, química, logística y manufactura.
Esta combinación de capacidad tecnológica y conocimiento industrial es especialmente valiosa. Y debería llevarnos a cambiar la pregunta. No se trata únicamente de cuántas startups de inteligencia artificial somos capaces de crear, sino de cuántas empresas valencianas pueden convertirse en referentes internacionales gracias a ella.
En la industria cerámica, la IA puede contribuir a optimizar los procesos de fabricación, reducir el consumo energético de los hornos, mejorar el control de calidad y anticipar necesidades de mantenimiento. En agroalimentación, permite avanzar en agricultura de precisión, previsión de cosechas, gestión del agua o reducción del desperdicio. En automoción y manufactura avanzada abre posibilidades en visión artificial, robótica y optimización de procesos. Y en logística, uno de los sectores estratégicos de nuestra economía, puede transformar desde la planificación de rutas hasta la gestión de almacenes y cadenas de suministro.
No hablamos de aplicaciones futuristas. Hablamos de problemas empresariales concretos para los que ya existen soluciones tecnológicas, aunque su adopción requiera inversión, talento, datos de calidad y cambios organizativos. La diferencia entre utilizar inteligencia artificial y obtener una ventaja competitiva de ella está precisamente en esa capacidad de integrarla en el funcionamiento cotidiano de las empresas.
Desde Startup Valencia trabajamos para impulsar la economía digital valenciana, fomentar la creación y el crecimiento de startups y favorecer que la innovación tecnológica llegue al conjunto de nuestro tejido empresarial. Lo hacemos con una clara vocación internacional, conectando Valencia con otros ecosistemas tecnológicos, atrayendo talento e inversión y abriendo oportunidades para que nuestras empresas crezcan y compitan en los mercados globales. La inteligencia artificial puede acelerar esa transformación. Necesitamos que las startups encuentren en nuestra industria clientes con los que desarrollar y validar soluciones, y que las empresas consolidadas vean en el ecosistema tecnológico un aliado para competir mejor. La transferencia de conocimiento no puede quedarse en encuentros, proyectos piloto o declaraciones de intenciones. Tiene que traducirse en actividad empresarial.
Pero hay otro factor decisivo en esta transformación: las infraestructuras que hacen posible la inteligencia artificial. Su desarrollo depende de chips, energía, centros de datos, redes y una capacidad de computación cada vez mayor. Según Stanford, la capacidad mundial de cómputo para IA se ha multiplicado por 3,3 cada año desde 2022 y NVIDIA representa más del 60% de la capacidad global estimada. A ello se añade la elevada concentración de la fabricación de chips avanzados en Asia, especialmente en empresas como la taiwanesa TSMC.