OpenAI afirma haber resuelto uno de los Problemas del Milenio con su IA. La que se ha liado después es gorda
OpenAI ha anunciado que su inteligencia artificial ha resuelto el problema de existencia y regularidad de Navier-Stokes, uno de los siete Problemas del Milenio propuestos por el Clay Mathematics Institute, con un premio de un millón de dólares. Aunque la compañía ha publicado tanto la demostración analítica como su formalización en Lean, el problema aún no está oficialmente resuelto, ya que falta el escrutinio de la comunidad matemática. Sin embargo, el anuncio ha generado una gran polémica, especialmente en torno al trabajo previo de matemáticos humanos, lo que deja el mérito del descubrimiento en una posición difusa.
Para lograr esta teórica solución, OpenAI utilizó un modelo interno descrito como «significativamente más capaz» que el potente GPT-6 Astra, empleando unos 10,000 agentes coordinados durante 88 horas y consumiendo varios millones de dólares en cómputo. Este esfuerzo no fue casual, ya que matemáticos como Tristan Buckmaster de la Universidad de Nueva York y Levent Alpöge de Anthropic, habían estado haciendo avances significativos en problemas relacionados. Su investigación continuaba una línea abierta por los matemáticos españoles Diego Córdoba y Luis Martínez-Zoroa.
La ciencia avanza apoyándose en conocimientos previos, y OpenAI reconoce que comenzó a trabajar en este Problema del Milenio tras descubrir que Anthropic estaba logrando avances importantes. Sin embargo, la controversia surgió cuando Buckmaster y Alpöge utilizaron herramientas de IA, como Codex, en su investigación. Buckmaster sugirió que OpenAI podría haberse beneficiado de sus sesiones privadas, aunque la compañía niega haber tenido acceso a sus prompts o trabajo privado antes de que se hiciera público. No hay pruebas de que OpenAI «rebuscara» en esas conversaciones, por lo que la acusación sigue sin estar probada.
OpenAI admite que, aunque improbable, no puede descartar que «datos anonimizados» derivados del uso de Codex por Buckmaster y Alpöge hayan contribuido a mejorar sus modelos. Esto plantea la cuestión de dónde termina el uso privado de una herramienta de IA y dónde comienza el aprendizaje de los modelos a partir de esas conversaciones anonimizadas.
El debate sobre quién merece el mérito continúa. Buckmaster afirma que Sébastien Bubeck de OpenAI le propuso participar en la publicación del nuevo resultado, dejando fuera a Alpöge, quien trabaja para Anthropic. Bubeck sostiene que no pretendían excluir a Alpöge, sino determinar quién podría participar en la publicación de la demostración creada por el modelo de OpenAI. El enfrentamiento está servido.
La resolución de problemas matemáticos complejos por parte de laboratorios de IA plantea un dilema: ahora, además de tener una buena idea, es crucial contar con capacidad de cómputo para resolver el problema, lo que convierte a las matemáticas en una cuestión de dinero.