El mundo que merecen los niños no es el que ha construido Meta
La reciente noticia de que Meta ha acordado pagar casi 18.000 millones de dólares para que los fiscales generales de 52 estados y territorios en Estados Unidos retiren su demanda contra la compañía ha generado un debate significativo sobre el papel de las grandes tecnológicas en la sociedad. Este acuerdo sugiere que los sistemas de justicia pueden funcionar para poner límites a prácticas corporativas dañinas, un recordatorio importante de que los hechos y la verdad importan. Si Meta ha claudicado, es porque la evidencia en su contra es abrumadora. La empresa diseñó algoritmos a sabiendas de que eran nocivos para los niños y adolescentes, y este acuerdo es un mensaje claro en contra de la impunidad.
El caso también destaca que, a pesar del gran poderío de las empresas tecnológicas, la ciudadanía puede tener la última palabra si trabaja unida. Ningún estado podría haber logrado esta victoria por sí solo, pero juntos, pudieron vencer al gigante. Además, el acuerdo incluye cambios en la tecnología, como prohibir que se cuente el número de “me gusta” en las publicaciones de los menores, lo que nos recuerda que detrás de los algoritmos hay decisiones de diseño que pueden ser modificadas para ser menos nocivas.
Sin embargo, no todo es positivo. A pesar de que 18.000 millones de dólares es una cantidad estratosférica, no lo es tanto para una empresa que solo en el segundo trimestre del año facturó más de 60.000 millones. La falta de cuidado y empatía de Meta, que esperó a estar contra las cuerdas en un juicio para hacer sus productos menos nocivos, es preocupante. Además, para implementar los cambios necesarios para proteger a los menores, Meta, cuyo modelo de negocio se basa en la vigilancia, tendrá que identificar a esos menores, lo que podría llevar a una mayor recolección de datos personales.
La protección de menores es un deber fundamental de toda sociedad, pero las medidas que erosionan la democracia acaban por desproteger a todos. La vigilancia erosiona las libertades civiles, y no es coincidencia que la privacidad esté en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Después de escándalos como el de Cambridge Analytica y el uso de Facebook para promover violencia en Myanmar, Meta sigue siendo prominente, y sus acciones incluso subieron después del acuerdo.
Es hora de que dejemos de creer en los augurios interesados de los profetas de las grandes tecnológicas y comencemos a construir el futuro que queremos, uno que se merecen los niños y que no es el que ha construido Meta en sus redes sociales.