Medical journals, law reviews, and literary magazines are grappling with AI-generated submissions
En los últimos años, las revistas médicas, revisiones jurídicas y publicaciones literarias han experimentado un aumento significativo en el número de envíos generados por inteligencia artificial (IA). Este fenómeno está obligando a estas publicaciones a adaptarse rápidamente y a desarrollar nuevas políticas para enfrentar el desafío de distinguir entre escritos humanos y aquellos producidos por máquinas.
El Boston Review, una revista política y cultural con más de 50 años de historia, ha visto triplicarse el número de borradores enviados en los primeros seis meses de este año en comparación con el mismo período en 2023. Según su editor ejecutivo, Matt Lord, la avalancha de envíos está poniendo una presión considerable sobre su pequeño equipo editorial. «Es un gran drenaje para nuestro personal», afirmó Lord, quien añadió que es imposible revisar cada envío con el mismo detenimiento de antes.
La revista AGNI, también con sede en Boston, comparte esta preocupación. Su editor, Bill Pierce, enfatiza que la experiencia humana es insustituible y que la escritura generada por IA no puede transmitir la profundidad de la experiencia humana. «Tal vez algún día la IA pueda decirnos qué es, pero aún no nos diría qué somos nosotros», comentó Pierce.
Por otro lado, algunos editores ven beneficios potenciales en el uso de la IA, especialmente cuando se trata de mejorar la claridad del lenguaje en artículos científicos. El Dr. Eric Rubin, editor en jefe del New England Journal of Medicine, mencionó que los artículos de autores extranjeros han mejorado notablemente gracias a la asistencia de la IA en la redacción. Sin embargo, Rubin advierte sobre el uso de IA en piezas de opinión, donde la voz humana es crucial.
El MIT Press ha implementado reglas generales para el uso de modelos de lenguaje, prohibiendo que se mencionen como autores y requiriendo transparencia sobre su uso en el proceso de investigación y escritura. A pesar de estas medidas, los editores continúan recibiendo documentos que sospechan fueron producidos con ayuda de IA, sin las divulgaciones necesarias.
En el ámbito jurídico, la Yale Law Journal ha adoptado un enfoque abierto, exigiendo a los escritores que revelen cómo han utilizado la tecnología, pero sin que esto influya en la consideración de sus trabajos. Shyam Madhani, editor en jefe de la publicación, señala que los problemas típicamente asociados con la IA, como la prosa demasiado formulaica, son en realidad cuestiones de calidad de escritura.
En resumen, mientras algunas publicaciones luchan por adaptarse al impacto de la IA, otras reconocen su potencial para mejorar ciertos aspectos del proceso editorial. La clave parece estar en encontrar un equilibrio que permita preservar la integridad y el valor humano en la escritura, mientras se aprovechan las ventajas tecnológicas.
Fuente: https://www.bostonglobe.com/2026/08/02/business/literary-academic-journals-artificial-intelligence/
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