The datacenter backlash is bringing the entire political spectrum together – against big tech billionaires
La creciente oposición a los datacenters está uniendo a estadounidenses de todos los espectros políticos en una lucha común contra los magnates tecnológicos. En Indiana, Bryce Gustafson, organizador principal de Citizens Action Coalition, ha sido testigo de esta unidad inusual durante un festival en Monrovia, donde los residentes se oponen firmemente a un proyecto de datacenter de Google de 550 acres. «Hablé con 50 personas y nadie quería ese datacenter en su comunidad», comentó Gustafson. Incluso aquellos que votaron por Trump expresaron su desconcierto sobre el apoyo a estos proyectos.
Este fenómeno no es exclusivo de Indiana. A lo largo del último año, la resistencia local a la expansión de datacenters por parte de las grandes tecnológicas se ha convertido en un movimiento nacional. Figuras políticas de ambos partidos, como el senador Bernie Sanders y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, han pedido una moratoria nacional. En Utah, el presidente del senado estatal fue destituido por apoyar propuestas de datacenters a gran escala.
Actualmente, tres cuartas partes de los estadounidenses se oponen al desarrollo de datacenters locales, un cambio de más de 30 puntos en solo un año. Más de 500 condados y municipios han aprobado prohibiciones o moratorias, y docenas de proyectos propuestos han sido cancelados. La cuestión ha llegado a definir algunas de las carreras políticas más destacadas del país. En Ohio, el demócrata populista Sherrod Brown ha centrado su campaña en la oposición a los datacenters, mientras que en Texas, el gobernador Greg Abbott ha cambiado su postura, afirmando que los datacenters «han cavado su propia tumba».
Los magnates tecnológicos comienzan a darse cuenta de que esta reacción representa un desafío real. Sin embargo, aún no comprenden plenamente la amenaza, ya que el movimiento contra los datacenters podría ser la mejor oportunidad en generaciones para sacudir la política estadounidense, redirigiendo la ira partidista hacia los verdaderos culpables de muchos problemas compartidos: los multimillonarios.